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Plaza de San Pedro

La Plaza de San Pedro (Piazza San Pietro) no es solo la entrada al Vaticano, sino también uno de los espacios públicos más famosos e impresionantes del mundo. Al entrar en la plaza, el visitante siente de inmediato la monumentalidad y la armonía que Gian Lorenzo Bernini imaginó a mediados del siglo XVII. El diseño de la plaza es simbólico: las dos enormes columnatas semicirculares representan los "brazos acogedores" de la Iglesia, que reciben a los fieles y visitantes de todo el mundo, sin importar su origen.

Tormentas de siglos y la genialidad barroca

La historia de la plaza se remonta mucho más allá del esplendor barroco que vemos hoy. En la antigüedad, aquí se encontraba el circo de los emperadores Calígula y Nerón, donde, según la tradición, el apóstol San Pedro sufrió el martirio. El enorme obelisco egipcio de 25 metros de altura que se encuentra en el centro de la plaza fue traído a Roma por Calígula en el año 37 d.C.; es el único obelisco de la ciudad que nunca ha caído desde la antigüedad.

La plaza adquirió su aspecto actual entre 1656 y 1667, cuando el Papa Alejandro VII encargó a Bernini su diseño. El artista enfrentó un gran desafío: crear un espacio digno de la imponente fachada de la basílica mientras ocultaba los edificios irregulares circundantes. La genialidad de Bernini se refleja en la columnata de 284 columnas dóricas, coronadas por 140 estatuas de santos que observan a los visitantes. En el pavimento de la plaza hay dos puntos especiales (entre las fuentes y el obelisco) desde donde las filas de columnas parecen alinearse perfectamente, dando la ilusión de ser una sola fila de columnas, un logro destacado de la ilusión óptica barroca.

Lo que no te puedes perder en la plaza

El elemento central de la plaza es el mencionado Obelisco Vaticano, que también funciona como un reloj de sol: su sombra marca las estaciones y los signos del zodiaco en la línea meridiana del pavimento. A ambos lados se encuentran dos monumentales fuentes: la del norte, obra de Carlo Maderno, y la del sur, de Bernini, que llenan la plaza con agua fresca día y noche, refrescando el ambiente durante los calurosos veranos romanos. Desde la plaza se tiene la mejor vista de la fachada de la Basílica de San Pedro y de la famosa cúpula de Miguel Ángel, así como del Palacio Apostólico del Vaticano, desde cuya ventana el Papa reza el Ángelus los domingos.

Turismo sostenible: Presencia consciente en la plaza

La Plaza de San Pedro es de acceso gratuito y no requiere hacer fila, pero gestionar las grandes multitudes supone un enorme desafío logístico y ambiental. Aquí tienes algunos consejos para ser un visitante responsable:

  • Agua y residuos: En los alrededores de la plaza hay numerosas fuentes históricas de agua potable. Usa tu propia botella reutilizable y evita comprar botellas de plástico desechables a los vendedores cercanos. El Vaticano presta especial atención a la limpieza de la plaza, por lo que te pedimos que utilices los contenedores de reciclaje.

  • Horario y ruido: Durante las audiencias papales de los miércoles y las oraciones dominicales, la plaza está extremadamente concurrida. Si prefieres disfrutar de su lado más tranquilo y meditativo, visita temprano en la mañana (entre las 7:00 y las 8:30) o tarde en la noche, cuando la iluminación es mágica y el ruido de la multitud es reemplazado por el murmullo de las fuentes.

  • Respeto por las normas locales: La plaza es un lugar sagrado, por lo que se recomienda vestir de manera adecuada (hombros y rodillas cubiertos), incluso si no planeas entrar en la basílica. Fumar no está permitido fuera de las áreas designadas.

  • Transporte público: No llegues en coche. La estación de metro Ottaviano está a 10 minutos a pie y ayuda a reducir la contaminación del aire en el centro de la ciudad.

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