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Lo que Europa hace diferente en 2026 – Buenas prácticas en turismo sostenible

Durante mucho tiempo, pensamos en el turismo sostenible como un ámbito de estrictas restricciones, costos adicionales inesperados y sentimientos de culpa. Sin embargo, en 2026 algo cambió fundamentalmente. Cada vez más destinos europeos se dieron cuenta de que, en lugar de prohibiciones, podían lograr un verdadero avance involucrando, incentivando y aumentando la conciencia de sostenibilidad de los visitantes. Como viajeros, hoy ya no somos observadores pasivos o una "carga que se debe tolerar" para un destino, sino socios activos en su preservación. Todo esto también envía un mensaje claro a la industria turística: no existe una fórmula mágica que funcione en todas partes; cada región debe adaptar sus respuestas a sus propias características locales y comunidades.

El modelo noruego: Cuando ves exactamente a dónde va tu dinero

A principios del verano, gran parte de la prensa internacional destacó la nueva contribución de visitantes introducida por Noruega, presentando el tema como un aumento de aproximadamente un tres por ciento en los precios de los alojamientos noruegos a partir del verano de 2026. Sin embargo, la realidad es mucho más interesante.

La ley, que entró en vigor el 1 de julio, no establece una tarifa automática, sino que otorga a los municipios la posibilidad legal de solicitar su implementación. En la solicitud, deben justificar con precisión dónde y cómo afecta el turismo a los servicios públicos locales y detallar claramente en qué se destinarán los ingresos recaudados. El límite máximo de la tarifa es del tres por ciento y solo puede destinarse a infraestructura turística, como baños públicos, senderos, sistemas de estacionamiento o gestión de residuos, sin ingresar al presupuesto general de los municipios. El camping, las acampadas y los viajes en autocaravana están exentos de esta regulación, lo que ha hecho que la propuesta sea aceptada tanto política como socialmente.

Seis municipios del archipiélago de Lofoten ya están preparando una solicitud conjunta, y el consejo regional ha contratado a un empleado específicamente para esta tarea. El primer viajero que realmente verá este cargo en su factura probablemente llegará en la segunda mitad de 2027.

Es importante saber que la experiencia internacional muestra que las tarifas turísticas de bajo costo rara vez cambian los hábitos de los viajeros por sí solas (véase Venecia). Donde tienen impacto, generalmente fomentan los viajes fuera de temporada y las estancias más largas, es decir, no reducen la demanda, sino que la redistribuyen.

Incentivos en lugar de llamados pasivos: El modelo CopenPay y las experiencias sostenibles

Copenhague también es uno de los grandes ganadores de la ola Coolcation: debido a las masas de viajeros que buscan un clima de verano más agradable, la capital danesa tuvo que gestionar el aumento del número de visitantes de manera que realmente siguiera siendo sostenible. El CopenPay danés muestra cómo transformar los llamados abstractos a la sostenibilidad en experiencias tangibles y placenteras. En lugar de confiar únicamente en la buena voluntad de los visitantes, el sistema incentiva directamente las decisiones sostenibles: si llegas en transporte público, participas en la mejora de parques comunitarios o pides comida basada en plantas, la ciudad te recompensa con entradas gratuitas a museos, visitas guiadas o un café caliente como agradecimiento por tu conciencia ambiental.

Desde entonces, el modelo ha sido adoptado por Berlín, Bremen y Helsinki, demostrando que fomentar hábitos sostenibles también puede basarse en experiencias. El viajero reconoce que sus decisiones tienen un impacto positivo directo en el entorno, mientras que los actores turísticos aprenden que, mediante incentivos únicos basados en las capacidades existentes de las empresas locales, pueden acercarse mucho más a los visitantes.

También hay una adaptación centroeuropea del programa, ya que a nivel municipal en Hungría, el programa GoGreen de Sárvár funciona de manera similar. De manera comparable, está el juego de desafíos de sostenibilidad I-DEST lanzado por nuestra plataforma.

Conservación del agua: Este año, uno de los problemas más críticos

Mientras que en el norte el aumento del turismo debido al fenómeno Coolcation requiere una respuesta, en la región mediterránea, los inviernos secos y la temporada alta de verano han causado una situación crítica. En Grecia, ocho islas, incluidas Poros, Tinos, Patmos y Karpathos, han declarado estado de emergencia por escasez de agua, y la situación en Corfú también se ha vuelto grave. Sin embargo, la respuesta no ha sido el pánico, sino la adaptación inteligente. En Astypalea, han recurrido a desalinizadoras temporales y restricciones de riego, mientras que los hoteles están considerando el uso de agua de mar en piscinas y construyendo cisternas de agua de lluvia. Además, se anima a los viajeros a ser más conscientes, ya que al renunciar a cambios diarios innecesarios de toallas o limpieza en los hoteles, ayudan directamente a aliviar la presión sobre las comunidades locales.

En Mallorca, el enfoque se centra en la conservación del agua: además de desalinizadoras operadas con energía renovable, se refuerza la retención de agua de lluvia en áreas urbanas, y se plantan especies mediterráneas resistentes a la sequía en espacios públicos y nuevos desarrollos. Este último es el paso más inteligente, ya que reduce permanentemente la necesidad de riego mientras mantiene el entorno verde y atractivo.

Las islas mediterráneas están aprendiendo ahora la lección que las regiones interiores del continente, que se están secando –como las zonas de lagos turísticos o destinos de aguas termales–, pronto enfrentarán. Será emocionante observar en los próximos años cómo y qué tan rápido reaccionan estos destinos, al igual que la mayoría de los balnearios nacionales.

Economía circular: Vacaciones sin plástico, el ejemplo de Dubrovnik

Dubrovnik ha dado pasos significativos hacia un turismo sin plástico al prohibir los plásticos de un solo uso en eventos y edificios municipales, y transformar los desechos extraídos del mar en souvenirs y gafas de sol locales. Esta práctica ayuda a los visitantes a reducir su producción de residuos durante el viaje sin esfuerzo y a comprender de cerca cómo funciona la economía circular. A la luz de las próximas estrictas normativas de embalaje de la UE, el ejemplo de Dubrovnik envía un mensaje al sector: las regulaciones ambientales no deben verse como una carga, sino como soluciones operativas únicas que refuerzan la identidad local.

Rewilding: Cuando la restauración de la naturaleza es la experiencia

La conservación de la naturaleza se ha percibido durante mucho tiempo como una limitación en la planificación turística. Los desarrollos basados en el rewilding cambian esta perspectiva: el proceso de restauración se convierte en la experiencia.

Este año, Rewilding Europe lanzó su propia plataforma de reservas llamada Wilder Places, que conecta a los visitantes con áreas en proceso de restauración. En Suecia, Rewilding Sweden y una empresa de viajes de naturaleza han desarrollado conjuntamente una "semana de rewilding", donde los huéspedes participan en trabajos de campo. En Velebit, Croacia, se está ampliando la infraestructura para la observación de la vida silvestre: además de las cinco torres existentes, se instalarán tres más, y los safaris fotográficos se desarrollarán con ubicaciones especialmente diseñadas.

En el norte, el proyecto nórdico REGGAE da un paso más: construye un modelo turístico donde los viajes sirven simultáneamente para la restauración ecológica, el bienestar comunitario y la salud del visitante.

¿Qué nos depara el futuro?

El denominador común de los ejemplos anteriores es que ninguno trata de reducir el número de visitantes. Todo se centra en que el destino sepa lo que está sucediendo y distribuya la carga, los recursos y los ingresos en consecuencia. Esta es precisamente la capacidad que mide el sistema de criterios GSTC: no la intención, sino la práctica medible y documentada.

La estrategia de turismo sostenible en preparación de la Comisión Europea también confirma que el futuro de los viajes se basa en la colaboración. No se trata de excluir a los turistas, sino de que los viajeros comprendan el impacto de sus decisiones y de que los destinos sean capaces de distribuir inteligentemente la carga y los recursos según sus propias características. Así, la sostenibilidad pasa de ser una mera intención a convertirse en una realidad medible, vivible y apreciada por todos nosotros.

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